Hay hijos que llegan para aprender, y hay hijos que llegan para recordar quiénes somos. Tú llegaste para recordarme la fuerza del amor puro, la grandeza de la bondad, la magia de la inocencia, y el poder sagrado de ser madre. Tu alma no llegó vacía, llegó con luz, con propósito, con la misión divina de construir, amar y elevar. Este libro es mi regalo para tu espíritu, una guía para tu corazón, y un recordatorio eterno de quién eres y quién estás destinado a ser. Que cada palabra sea luz en tu camino, que cada página sea refugio para tu alma, que cada verdad te acompañe cuando la vida te llame a ser grande. Porque tú naciste para serlo. Y yo... yo nací para reconocerte.